Powered By Blogger

2/5/11

Mucha gente se aventuraría a decir que no existen personajes distintos a los que estamos acostumbrados a ver, que no existen seres mágicos... en definitiva, que la magia no existe. Pero, ¿y si fuéramos persona por persona contándoles esta historia? Probablemente seguirían sin querer creer en todo aquello que no tenga explicación. Eso mismo pensaba Abel, un chico despreocupado y frío, al que sólo le importaba sus amigos, su música y el piano que recibió de una herencia, hasta que un día descubrió que no solo existen esas cosas, sino que existe un mundo paralelo en el que el creía que vivía y que es mucho mejor, cargado de sentimientos, pasiones y nuevos descubrimientos. Encontrará también el amor, aquel del que había huído toda su vida, y lo encontrará en un ser que el creía sólo oiría hablar de el en relatos mitológicos, aunque lo tuviera más cerca de lo que creía. Un hada, una ninfa, Cyrene, será la que le ayudará a cruzar la línea entre lo que, como ella dice, tiene explicación y lo que no. Con ella vivirá emocionantes aventuras y experiencias que tienen lugar muy cerca de él. También se dará cuenta de que no está tan alejado de ese mundo de lo que él cree, tiene algo que ver en todo aquello.
Se acaba de despertar, está sudado y se siente cansado. Se seca el sudor con las manos y mira a la ventana. Ahí está, es la chica con la que lleva soñando tantos días y está mirándole, sonríe hasta que se da cuenta de que Abel también la mira y huye. Él se levanta de la cama de un salto y sale corriendo hacia la ventana, pero es tarde. Ella corre más rápido de lo que podría correr Abel con su moto a toda velocidad, ella corre más rápido que todo aquello que tenga la capacidad de correr. Decepcionado se dirige al armario y se pone lo primero que ve, una camisa negra y unos vaqueros hasta la rodilla. De un cajón saca un mp4 y unos cascos, los enchufa y se los coloca. Está muy nervioso, desea conocer a esa chica, o como el dice, a esa cosa que aparece en sus sueños. Llega al gran trastero que tienen en una casucha en el jardín, entra y se quita los cascos. Sacude un poco sobre el sillín del piano y despues sopla sobre él, se sienta y sopla también en las teclas de marfil. Reposa los dedos sobre ellas y siente como necesita tocar. Comienza a apretar las teclas, unas más y unas menos, creando una bonita melodía que aún no tiene partitura. Es extraño, piensa, desde pequeño siempre ha tocado ese piano sin necesidad de partitura, los movimientos que debe realizar siempre vienen solos a sus manos, a sus dedos. Aquella hermosa canción pronto inunda cada parte, cada esquina de aquella casa, él no lo sabe, pero fuera de aquella cabaña no hay ningún sonido, no atraviesa las paredes como suele ocurrir, hoy no.

No hay comentarios:

Publicar un comentario