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7/6/12

Sería todo un poco más fácil de explicar si en un ''te amo'' o en un ''te quiero'' cupiese todo lo que quiero que entiendas. Pero no es así. Lo que yo siento por ti y lo que yo quiero que sepas abarca mucho más que esas dos palabras, te lo podría explicar de mil maneras diferentes, con palabras y sin ellas, en todos los idiomas del mundo, hasta en latín, en lenguaje de signos, con hechos y con detalles; y te juro que jamás encontraría algún modo de decirte que te quiero tanto como te quiero.
-¡Díme qué quieres! ¿Quieres ir a la playa? ¿Quieres que te regale unos zapatos? ¿Quieres que me quede contigo siempre? ¿Montar en moto? ¿Ir a la montaña? Dime qué quieres porque te juro que lo vas a tener. Pero paremos ya de discutir. ¿¡Qué quieres para ser feliz!?
+¡Te quiero a ti, joder! ¡Te quiero a ti!
-¿Y no eres feliz? ¡Soy tuya! ¡Enteramente tuya!

TE QUIERO

De pequeña, soñaba con un amor que fuese eterno. Desde el primer día hasta el último. Eterno y verdadero. Simplemente esas palabras sonaban bien en mis oídos. Pero no imaginaba lo que suponía eso. Lo que suponía tener a alguien ahí siempre, para todo, que me quiera y que de lo que sea por mí. Que sea él mismo sin pasar verguenza y con el que sentirme más cómoda que con nadie, con quien poder ser realmente yo. A quien no le importe escucharme horas y a quien no le importe hablar durante horas si yo no tengo nada que decir. Que me haga reir minuto sí y minuto también. Que sea el único que puede hacer que sienta estas cosas y que me comporte así. El único al que no me importaría quedarme pegada mientras lo abrazo. No sabía lo que era querer de verdad, enamorarse hasta las trancas. Ahora sí. Y no me arrepiento de nada del pasado si es lo que hizo que me encontrara aquí y ahora, contigo. 
Así que quiero que comprenda que es perfecto. Totalmente. Y que es el único. Que desde la primera punta de su primer pelo hasta el dedo gordo del pie es absolutamente precioso. Que sus ojos, su boca, sus dedos, su pelo, y hasta su ombligo son míos. Y ya no hablemos de que su orgullo, su risa y su manera de mirar el punto son lo que quiero. 
¿Sabes? Ahora mismo sólo me apetecería escribirte en una hoja de word todas las veces que quisieras 'te quiero', sin copiar y pegar. No sé expresarme con palabras, es más, me cuesta escribir una frase que esté correctamente ordenada, porque no puedo concentrarme sabiendo todo lo que ahora sé. Probablemente, qué digo probablemente, seguro que no lees esto jamás. Al igual que esto, las otras mil historias que te escribí. Hace unos meses podría haber descrito para ti mil maneras de estar contigo, en mil lugares y en mil momentos diferentes. Hace unos meses hubiese tenido más imaginación para soñar contigo. Pero ahora que estás aquí y que puedo saborearte, sólo se me ocurre una manera, un lugar y un momento. Quizá esto sea efímero, supongo que lo será. Pero podríamos alargar la efemeridad un poco, ¿no? Unas semanas, unos meses, unos años... Hace unos meses se me hubieran ocurrido cien maneras de decirte te quiero y jamás se me habría pasado por la mente que tú me lo recordarías cada cinco minutos. ¿Y ahora? Créeme cuando te digo con los ojos que soy la persona más feliz del mundo cuando salen esas palabritas mágicas de tu boca (mágicas porque juro que en la milésima después de oirlas le doy dos vueltas enteras al globo), pero ahora no soy capaz ni de decirte que yo también te quiero, seguramente más que tú a mí, pero no me salen. Me atoro. Me atoras. No consigo entenderme. ¿Por qué soy capaz de explicarte todo lo que he vivido y cada disgusto que me llevé durante tanto tiempo detrás tuya, y no soy capaz de decirte la verdad más grande del mundo, que te quiero? 
Déjame tiempo. Dáme un rato para acostumbrarme a tenerte, a que me beses y a que me quieras. Lo aprovecho, lo exprimo. Porque... te juro que esto es lo más cerca del cielo de lo que he estado nunca 
Te quiero así, con tus tonterías y tus chorradas, y tus estupideces y tus tonterías. Con tus cambios de humor y con tu bipolaridad. Te quiero con los pelos largos o con los pelos un poco más cortos, lisos o rizados, maquillado o sin maquillar. Te quiero bruto y te quiero sensible. Te quiero moñas y romanticón. Te quiero con los ojos llorosos y con los ojos brillantes, y secos, y tristes. Pero te quiero así, como eres, Javier total. Tú entero. 
Y perdóname, perdóname por ser tan fría, por no poder decirte que te quiero cada segundo como tú haces. Perdóname por no ser la más guapa y por no tener todo lo que tú buscas. 
¿Yo? Yo no tengo nada que perdonar. Yo me enamoré de ti con todas las consecuencias.
+Venga, cierra los ojos y túmbate.
-¿Para qué?
+Tú hazlo. Ahora, imagina que este césped es infinito, que no acaba. Y no hay nadie.
-Sí, sí hay. Estás tú. Aquí, al lado mía, tapándome el sol para que no me duelan los ojos.
+Bueno estoy yo. Pero no existe nada más, ni árboles, ni edificios, ni personas. Sólo hay césped, nubes, cielo, tú y yo. 
-Se está bien.
+Lo sé. ¿Qué pasaría?
-Pues en mi imaginación tampoco existe el tiempo, así que sería de día siempre, y te diría unas mil veces que te quiero, pero no como suelen hacerlo, ya sabes a lo que me refiero. Y... Probablemente no podría dejar de besarte. Y si me dejases...
+Te dejo.
-Si me dejases te haría el amor, una y otra vez. Y te abrazaría, y te querría como quieres que te quieran, bien... 
+Te...
-Pero, ¿sabes? Hay gente. Así que sólo puedo cerrar los ojos, besarte y decirte que te quiero. 
+Yo me conformo sólo con estar contigo.
-Pues yo me conformo con saber que me quieres, aunque estés en la otra punta del globo

si hace frío te caliento con una sopa de amapolas

Me conformo con saber que, de algún modo, te acordarás siempre de mí. Quizás no me recuerdes como yo te recordaré a ti, como el primer amor, el de verdad, el que duele; como el primer desengaño, la primera vez que te rompen el corazón de verdad. Pero me recordarás por las cosas que nos pasan a diario, por las peleas y por la tensión que hay siempre, por el deseo y por las ganas que nos tenemos a todas horas. Por los llantos y por las heridas, porque nos hemos querido. Ah, también me recordarás por la semana de Londres. Jamás me olvidarás, de una manera u otra. Ya con nadie más volverás a tener los típicos fallos de principiantes, esos fallos que hacen todo más fácil y más natural, como nos gusta. Esos fallos ocurren una vez, o dos, y no se repiten más, y son míos. 
Y me recordarás, por tu primer beso y por muchas de tus primeras veces...