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19/6/12

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Podría haber perdido la esperanza hace mucho tiempo, pero no fue así. Supongo que había algo en mí que me decía, sigue ahí, inténtalo, lo vas a conseguir, venga, no te canses; pero yo no sabía escucharla. Yo sólo me derrumbaba cada día más y estaba cada vez más hundida en el subsuelo. Ha sido el tiempo más largo y más duro de mi vida. Hubo gente que me faltó, pero hubo otra que estuvo ahí y me hizo comprender. Gente sin la que ahora... no podría ser nadie. Gente que puede incluso a hacer más falta que otras que están desde el principio.
Me veía como a años luz de él, de todo lo que él implica.. Veía un muro, como el de Berlín, entre su amor y yo. 
Pero un día de repente, así porque así, sin imaginarlo, sin esperarlo... sucede. Sucede que se acorta los años luz a centímetros, sucede que todo cambia, que todo se da la vuelta. El muro de Berlín se derribó. Y entonces te acuerdas de todas y cada una de las palabras de la gente que de verdad supo ayudarte, sí, de esa gente. Esa gente que, a pesar de decirte que olvidases el tema, de verdad te ayudó a intentar terminar con todo. Pues bien. Ese día, ése, en el que todo cambia, les das las gracias, aunque te sepa a poco. 
Y viene él, ahora sí con todo lo que él implica y con todo lo que él supone y te hace estar en las nubes y olvidar todo lo que has pasado acordándote únicamente de éso, los de verdad. 
Te llenas de amor, de amistad, de vida y de ganas de vivirla, de alegría.. De todo. 
Porque después de todo, aprendí que la imposibilidad no existe, somos las personas las que no queremos ver 

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