Qué bien se nos da olvidar momentos agradables con alguien especial, y qué duro se nos hace olvidar momentos amargos.
Qué rápido se olvida una persona de instantáneas que toma tu cerebro de situaciones espectaculares, de personas increíbles y por las que, durante un tiempo, jugaste con fuego y pondrías la mano en él. Gente que de verdad te acaba marcando, sea para bien o sea para mal, lo hacen, pero si en algún momento te hacen daño o ya no se comportan igual, buscas mierda que echarle encima para ponerte una escusa y no luchar, no luchar por alguien que vale. Porque eso os cuesta, y parece que más que nada, luchar, arrastraros.. Y digo 'os' porque yo, visto está, me arrastraré y lucharé por todo aquel que demuestre algo, lo más mínimo que me diga que no me rinda.
Pero, ¿y si se acaba de verdad? Pues si se acaba de verdad, los buenos ratos se esfumarán y sólo te acordarás de los disgustos. Las reconciliaciones tan dulces y tan hermosas se harán duras y dolerán. Pero seremos masocas por enésima vez y no nos acordaremos de lo bueno, de lo que nos deberíamos llevar.
Aquí va algo. Hay muchos tipos de personas. Personas que vienen y van, personas que caminan contigo durante un corto tiempo pero que llegan en el momento preciso, personas que sólo pasean por tu vida y que sólo serán eso, personas. Personas que de repente un día aparecerán así por la cara y se quedarán sus huellas de zapatos marcadas para siempre, personas que están desde siempre pero un buen día se marchan y el viento se encarga de que no vuelvan. Personas que están ahí a pesar de lo que sea, ya sea distancia, obstáculos, lo que sea. Personas que no llegan a marcarte de verdad, pero sí te enseñan mucho... Hay muchos tipos de personas. Tú quédate con las que, si te caes, intenten levantarte, y si no lo consiguen, se tumben contigo

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