Corre, rápido, veloz. A toda velocidad. Huye, quiere huir. Y corre, durante segundos, que se convierten en minutos, pero sigue corriendo. Siente la adrenalina por sus venas, en su cerebro. Siente que el corazón quiere escapar de su pecho. Quiere escapar, dejar atrás todo. Y corre, porque así no piensa, no sufre, no se hunde. Quiere olvidar todo, cualquier cosa que le recuerde a malos momentos, malos tiempos. No quiere que le brillen los ojos cada vez que lo ve. No quiere seguir sufriendo. No quiere seguir en una montaña rusa.
Se para. Deja de correr, su corazón comienza a bombear sangre como un loco. Siente que los pulmones se hacen pequeños y después se inflan. Se para, y ahora sí. Piensa en que si huye, también deja a sus amigos, a esas personas que tanto quiere. Deja a muchas personas atrás, porque la verdad es que tiene muchos amigos. Aunque se sienta sola a veces, sabe que tiene a mucha gente con ella que no la dejarán sola. Y, por ellos, para. Porque prefiere que el mundo se le venga encima, a no volver a ver sus caras

No hay comentarios:
Publicar un comentario