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21/6/11

·8 [FELICIDADES PEQUEÑA!,]

Llegaron a ese pradito, a su sitio en medio del bosque. Para los dos no había lugar más bonito que aquel. Sentían como si fuera suyo, de los dos, para ellos.

-¿Qué hago ahora?
-¿Qué quieres hacer?

Cyrene hablaba mientras volaba haciendo enormes circulos, volaba entre los árboles y entre sus ramas. Volaba en zig zag, y Abel se quedaba embobado.

-Eso.
-Vale... Espera aquí.

Cyrene volvó inmediatamente hacia donde estaba Aileen. Como siempre, ésta ya le había preparado lo necesario. Un frasquito con líquido de varios colores, una cuchilla bastante afilada...

-Esta vez lo vas a hacer tú.
-¿Cómo? Pero si yo no sé, no tengo ni idea, no sé como cortar...
-Sí que sabes. Además yo te iré señalando desde aquí.

Cyrene sabía de sobra que era en vano discutir sus ideas. Cogió las cosas y las metió en una bolsa marrón de tela.Cuando llegó con Abel, preparó las cosas sobre una piedra. Cuando Abel descubrió la cuchilla empalideció.

-¿Para qué es eso?- dijo asustado.
-Lo de volar... Duele un poco. Y más después de diecinueve añitos- sonrió.

Cyrene se hizo un pequeño corte en la punta del dedo para comprobar que estaba afilada. Lo estaba, le cortó una pequeña brecha que se cerró inmediatamente.

-A ver... Túmbate.
-¿Para qué?
-Tú hazlo. Cuéntame algo.
-¿El qué?- preguntó Abel mientras se tumbaba en el suelo mirando hacia el cielo.
-Abel...
-¿Qué?
-Las halas... suelen estar en la espalda.
-Claro- se dio la vuelta y cerró los ojos.
-Cuéntame algo sobre el instituto.
-Yo no voy al instituto, hago un módulo de electricidad. Voy un año retrasado.
-¿Tienes muchos amigos?- preguntó Cyrene mientras vertía sobre los omóplatos unas gotitas de aquel líquido y echaba un poco de un polvo blanquecino.
-No muchos. Creo que ninguno.
-Venga ya. Debe haber alguien con quien tengas más relación- dijo.

Ahora extendió el líquido sobre la espalda de Abel con las manos, dando un masaje.

-Bueno. Hay una chica que siempre se ha portado bien conmigo, aunque no es mi amiga. Todos dicen que está detrás mía.
-Descríbemela- añadió mientras cogía la cuchilla.
-Es castaña, no muy alta, ni muy baja. Es guapa. Tiene muchos amigos. Creo que es hasta simpática.
-¿Cómo se llama?- preguntó Cyrene mientras desinfectaba la cuchilla en otro líquido.
-Marysa.
-Esto te va a doler un poco.
-¿El qué?

Cyrene estiró la piel un poco con los dedos, e hizo una pequeña raja con la cuchilla. Abel sintió dolor, pero no demasiado, era soportable. Después hizo otra en el otro omóplato, un poco separada de la otra.

-Creo que así está bien- dijo añadiendo más líquido a las heridas.
-No ha dolido.
-No me refería a eso.
-¿Entonces?
En ese momento, Abel sintió una punzada en la espalda, y se encogió. Las rajas se volvieron más grandes. Salía mucho líquido, pero no era sangre.
Eso si que dolía. Sentía como si las heridas se volvieran más grandes, y más profundas. Al principio dolía, después seguía doliendo, pero también quemaba. Abel aguantó el dolor como pudo, sin gritar demasiado.
Cyrene se acercó cuando Abel dejó de sentir dolor. Él respiraba pesadamente.

-¿Qué cojones ha sido eso?- gritó aún tumbado en el suelo.
-Levántate.
-¿Puedes explicarme qué...
-¿No sientes nada en tu espalda?

Abel notó entonces algo que le rozaba en la espalda. Giró la cabeza y las vió. Un par de alas que salían desde un poco más abajo de los hombros.

-¡Vaya!- dijo Cyrene mirándolas.
-¿Qué?
-Son muy grandes- sonrió.

Abel intentaba descubrir a qué músculo debía darle la orden para que se movieran. De vez en cuando se movían ligeramente.

-Te vas a hacer daño, déjalas.
-Esque no sé como moverlas.
-Ya aprenderás, llevas mucho tiempo sin usarlas.
-Oye, ¿cómo voy a volver a mi casa con... con ésto?
-Si no les echas cuenta se esconderán.
-¿Y cómo no les voy a echar cuenta?
-Tienes los ojos aún más claros.
-Hoy no me los he mirado en el espejo.
-Son preciosos.

Abel se sonrojó.

-Ya está.
-¿El qué?
-Ya se han escondido.


...


-Señor, ¿qué desea?
-Nada de señor, llámame Gyron de una vez. ¿Cómo va esa búsqueda, Arthur?
-Estamos cerca- respondió atemorizado.
-Mientes. ¿Qué pasa?- dijo Gyron en un tono que más bien parecía que ordenase y no que preguntaba.
-Nada se...
-¡Que me digas que pasa!- gruñó gritando.

Se levantó y se acercó violentamente hacia él. Le puso la mano en la frente bruscamente, haciéndole daño. Entonces su sangre, o su ponzoña, o lo que fuese aquello que corría por sus venas comenzó a arder. Se llenó de furia. Vió como ese chico había descubierto su pasado, y ahora se convertía poco a poco en ángel. Rompió muebles. Una mesa la hizo añicos de un puñetazo, con una patada rompió un espejo en miles de pedazos.
-Quiero que lo busquéis.


...


Abel estaba tumbado en aquel césped. Cyrene estaba sentada cerca suya, acariciándole la palma de la mano. Él sentía cosquillas y la piel se le erizaba, estaba agotado, completamente. Llevaba toda la tarde intentando volar, o al menos aprender a manejar las alas, nunca imaginó que cansara tanto, pero después de todo las movían músculos.

-¿Qué es lo que te gusta más?
-¿De qué?
-De ser un hada.

Dudó por un instante.

-Volar... Y los desayunos de casa.
-¿Cómo es?
-La casa es enorme, espaciosa, es blanca, de mármol siempre brillante. Hay flores blancas y de tonos pasteles por todos lados. Es realmente bonita.
-Volar.
-¿Volar?
-Sí, preguntaba que cómo es volar.
-Ah... Lo siento- sonrió -Volar es lo que más me gusta de todo esto. Te hace sentirte dueña de tí misma, porque piensas que puedes hacer lo que quieras. Cuando estás arriba del todo, y ves todo tan pequeño, te das cuenta de que somos una insignificante parte del universo, hace que reflexiones de todo lo que hay abajo. De lo mal que estamos repartidos. Me gusta porque cuando vuelo soy libre. ¿Me entiendes?
-Te entiendo- asintió Abel.
-Ah, ¿sí?- preguntó riendo Cyrene.
-Claro. Así es como me siento cuando estoy contigo.

1 comentario:

  1. Me gusta, :)
    Pasate por el mio http://beautyisyourhead.blogspot.com/
    Ya te sigo,
    un besito:)

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