Cyrene volvió temprano para hablar con Aileen. Ésta la esperaba en su habitación, sentada en un gran cojín leyendo un libro. Cyrene pidió permiso y entró.
-Veo que has hablado con Abel- dijo Aileen sonriendo.
-Sí. Quiere quedarse con nosotros, quiere ser ángel.
-Me alegra la noticia.
-¿Qué tengo que hacer?
-¿Cómo que qué tienes que hacer?
-Quiero decir, no va a aprender solo a ser ángel. A volar, a saber qué pensamos...
-Entrénalo.
-¿Có...Cómo?
Aileen continuó leyendo y prestó caso omiso a Cyrene. Ella salió de la habitación por un lado contenta, porque le hacía ilusión entrenarlo y enseñarle, pero por otro lado preocupada porque no sabía cómo hacerlo.
'Ese chico está enamorado de tí' dijo Aileen.'Ya, claro' contestó Cyrene. Y se fue riendo.
Cyrene voló a casa de Abel. Este estaba sentado en el borde de la cama mirando al frente. Cyrene golpeó la ventana. Abel giró la cabeza y sonrió al verla. Le abrió y esta pasó dentro. Se quedó de pie delante suya, y le dijo.
-Veo que has hecho lo que te dije.
-¿Cómo lo sabes?
-Tus ojos, empiezan a ponerse más claros.
-Genial, siempre he soñado con tenerlos azules- se burló Abel.
-No los tendrás azules. Ni verdes.
-¿Amarillos?
-Violetas.
Y en efecto, los ojos de Abel se aclaraban por momentos. Se tornaban malvas y se estaban poniendo preciosos. Cyrene le mandó a Abel su primera tarea, inconscientemente de que no sería la única. Le dijo que debía creerse que era especial. Que era eso con lo que los niños sueñan por las noches, que era un ángel de la guarda. Abel había estado meditando, y al final, acabó creyendo que no era humano.
-Vamos al bosque.
-¿Para qué?
-¡Vamos!
-Quiero saber para qué.
Cyrene rió al sentir la desconfianza de Abel.
-Para entrenar.
-Suena bien- Abel se puso de pie en la ventana mirando hacia el cielo y con los brazos extendidos.
-¿Qué haces?
-Intento volar.
Cyrene comenzó a reir. Sentía que el estómago se le encogía y le dolía de tanto reír. Cuando se calmó le dijo.
-De eso nada, tú vas en moto.

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