Quizá fue eso. Quizá fue que no lo supe apreciar. Quizá fue que me cegué. Quizá fue que te pensé de otra manera. Quizá fue que actuaste muy bien. Quizá fue que no me di cuenta de qué era aquello hasta que ya no estabas.
Cuando te fuiste me dí de frente conta una pared con miles de papelitos pegados. Y en cada uno ponía tu nombre y un recuerdo a tu lado. Y, aunque me sé esa pared de memoria, con menos papelitos, pero exactamente igual de dura y de dolorosa; me dolió igual. Me hizo una herida, en el mismo sitio donde aún cicatrizaba la anterior. Exactamente igual, en el mismo sitio, pero esta vez, más grande. Más abierta, más profunda y de la que no para de brotar sangre.
Aunque me haya chocado cuatro veces con esa maldita pared, no sé aún como amortiguar la caída, no sé cómo hacerme el mínimo daño posible. Y lo peor es que tampoco sé como levantarme.

¿Con el tiempo?.
ResponderEliminar