10/4/11
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A mí también me gustaría eso de levantarme un día y pensar que no tengo ningún problema. A mí me gustaría poder decir eso. Pero, sin embargo, no puedo. Y lo peor no es eso, lo peor es que no sé por qué. Porque tengo lo que me hace falta. Aquello por lo que hace unos meses luchaba, lo tengo todo. Todo lo importante para mí está a mi lado. Tengo muchos buenos amigos, y muy buenas amigas, y sé que no me fallan, porque me lo han demostrado poco a poco. Ellos me hacen falta, porque me ayudan, y me refuerzan, y hace que no me tambalee, y mucho menos que me caiga. Y por eso me hacen tanta falta. Intento devolverles cada favor, y portarme con ellos igual que ellos se portan conmigo, pero se me hace difícil. También está él. Aunque al principio nadie lo entendiera, ni yo misma lo entendia, y aún hay muchos sin entender, lo quiero. Y aunque cuando todo empezó, de nuevo, yo tuviera miedo de cansarme, no lo hice, no me cansé. Y como si del primer día se tratase vivo. Lo quiero. Y como dijo una amiga mía: lo quiero, de una forma extraña y rara, pero lo quiero. Y yo añado, y mucho. Pues todos ellos son lo último que pienso por la noche y lo primero que pienso por la mañana. Pero, no estoy bien. Porque para tener lo que tengo ahora he perdido mucho, a mucha gente. Y sé que, quizá, no valen la pena. Pero, todo ese cariño, todo ese tiempo dedicado a ellos y únicamente a ellos; todo eso, ¿a dónde va?, ¿dónde va a parar todo lo que junto a esa persona vivimos?, ¿dónde se guarda? ¿En el fondo de la memoria?, No lo creo.
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