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19/3/11

Gustavo Adolfo Bécquer

Nació en Sevilla en 1836 y murió en Madrid en 1870.
El romanticismo de Bécquer, delicado y sincero, hondo y sentimental, halla eco siempre en el alma.


XII
Porque son, niña, tus ojos
verdes como el mar, te quejas:
verdes los tienen las náyades,
verdes los tuvo Minerva,
y verdes son las pupilas
de las huris del Profeta

El verde es gala y ornato
del bosque en la primavera.
Entre sus siete colores,
brillante el iris lo ostenta.

Las esmeraldas son verdes,
verde el color del que espera,
y las ondas del Océano
y el laurel de los poetas.


XVII
Hoy la tierra y los cielos me sonríen;
hoy llega al fondo de mi alma el sol;
hoy la he visto..., la he visto y me ha mirado...
¡Hoy creo en Dios!




XXIII
Por una mirada, un mundo;
por una sonrisa, un cielo;
por un beso..., ¡yo no sé
qué te diera por un beso!


XXI
<<¿Qué es poesía?>>, dices mientras clavas
en mi pupila tu pupila azul.
<<¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas?
Poesía... eres tú.>>

14/3/11

Dadme y explicadme motivos para seguir, porque yo ya no veo ninguno.
Me siento más lejos de él que nunca, lejos e insignificante.
Sé que todo esto sería más fácil si nada hubiera pasado.
Sería más fácil si no asumiera que lo quiero, más que eso.
Sería más fácil si no lo quisiera tanto...

¿Cómo se puede pasar de estar tan unidos a estar tan... distantes?

13/3/11

.

Nunca imaginé que tuviera tantísima razón.

Solía decirme que no había nada más hermoso que ver a una mujer bonita arreglarse. tenía razón.

Recuerdo cómo nos quedábamos en la puerta de su dormitorio, mirándola y observando como se preparaba. Era realmente guapa.
Mientras la contemplábamos él me contaba cosas de ella, de cómo la conoció y de por qué se enamoró de aquella mujer.
Era pequeña, pero aun así lo recuerdo como si fuera ayer.

Recuerdo como salía de la ducha, con los rizos envueltos en una toalla blanca, y con una bata de seda blanca. Recuerdo que se sentaba delante del mostrador, se miraba y sonreía. Y la tiranta de la bata se le caía de uno de los hombros, y aún sonriendo, la recogía y la colocaba. Y la bata le hacía caso, porque no se volvía a mover.
Entonces se masajeaba suavemente la cabeza, con la toalla, para secarla y la retiraba. Tenía el pelo muy bonito, y suave. Se desenredaba los pequeños rizos que le comenzaban a salir, para que cuando se hubieran secado del todo, se transformaran en grandes caracoles color chocolate. Se hacía la raya en medio de la cabeza y lo dejaba así, suelto y a su libre albeldrío.
Ahora sacaba del cajón esa pequeña cajita azul celeste y la abría, y comenzaba a embadurnarse en crema, aquella crema que olía a rosas. Dejaba que la bata callera y se quedara sobre el respaldo de la silla, y podíamos ver su silueta desnuda, perfectamente formada.
Sacaba del otro cajón un bote de colonia, y lo apretaba suavemente a cada lado del cuello. Si teníamos suerte, alguna gota resbalaba por su espalda, y ella volvía a sonreír porque le hacía cosquillas.
Abría un pequeño cofre y sacaba dos pendientes, preciosos. Dos perlas blancas con brillantes a su alrededor, y se los colocaba.
Se volvía a poner la bata y sacaba un lápiz negro de ojos, y se hacía una fina raya encima de las pestañas, y dejaba que terminaran en un ligero rabillo. Cubría las pestañas con rimel. Ahora llegaba mi parte favorita. Cogía una especie de esponja de pelitos, la metía delicadamente en unos polvos, lo soplaba y se daba pequeños toquecitos en la cara y en e cuello. Cuando se veía lo suficientemente guapa, se pintaba los labios de aquel color rojo tan intenso y que tanto me recuerda a ella.
Ese día no se vistió muy elegante. Fuimos al hospital, ella era la mujer más guapa que había allí y en quince kilómetros a la redonda.
Ese día salió de la consulta más seria de lo normal, incluso diría que con los ojos llorosos.
Ese día volvimos a casa y ella se encerró en su cuarto, con mi padre, y no salió.
Ese día fue el último que la ví tan esmerada al salir de la ducha.
Desde ese día ella no ha vuelto a sonreír.

Ahora la miro, sale de la ducha, con los pocos pelos que tiene sueltos, y enredados. Se limita a sujetarlos con una goma y no se hunta crema. Ahora al quitarse la bata no se ven unas preciosas curvas, ahora veo las marcas de las costillas y de los omoplatos. Ahora no corre una gota de colonia por su espalda, ahora corren dos gotas saladas por sus ojos. Ya no se maquilla, ya no se pinta los labios. Ya no se pone pendientes. Ya no sonríe.

Ahora no se ve mujer, he escuchado como se lo dice a mi padre. Ahora se siente vacía. Dice que está triste, que no está preparada. Que nos echará de menos. Que cuide de mí cuando ella no esté. ¿CÓMO QUE CUANDO NO ESTÉS? Que sea fuerte, que me haga fuerte. Que no permitirá que lloremos. Que me dé cariño y amor. Quiero que tú me des cariño y amor.
Que no se ponga triste, que no la eche de menos. Que haga su vida de nuevo. Que no me trate mal y que me mime. Que me dé todo el amor del mundo, todo ese amor que ella no me dará.
¿Por qué?

Ahora vamos al hospital. A verla. El médico nos ha llamado. Papá está serio. Creo que papá llora. El médico nos ha llamado en mitad de la noche.
Entramos en la habitación y lo que hace unos meses era una mujer preciosa, ahora es un saco de huesos. Papá entra. La besa y le dice que la ama. Me acerca a ella y me besa. La abrazo. Con todas mis ganas pero con cuidado, no la quiero romper. Ella me besa muchas veces más, y me dice que me quiere. Que no llore.
Papá me abraza y aquel ordenador negro empezó a pitar. Cierra los ojos. Papá llora. Ella se va.

Me acerco a ella corriendo, de nuevo. Esquivo a los médicos y a las enfermeras. La beso en la frente y le digo.
-Seguirás siendo guapa, mamá.

1/3/11

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EXPLICADME, qué fue para vosotras aquello.

Sí, todo aquello que vivimos. Desde aquel primer día hasta... hasta que ustedes decidistéis terminar. Terminar con todo. Y con mentiras, escondiendo.



Para mí éramos todas, ni una más ni una menos. Y los momentos con cada una eran exactamente igual de valiosos que los momentos que pude haber vivido con las demás. Porque érais mis amigas, mi GRUPO de amiga.

¿Sabéis qué es eso? Eso es no aferrarse a una sola, es altruismo. Es compartir tus cosas con las demás, sin esperar nada a cambio. Es compartir a esa amiga con las demás, aunque sea la favorita, o aunque no lo sea.

¿Sabéis qué es verdaderamente la amistad? La amistad no es NO haber tenido una pelea, una discusión o una bronca en todo el tiempo que paséis juntas. La amistad no se basa en la perfecta relación, sin pros y sin contras.

La amistad se basa en, después de bronquear, hacer las paces. Se basa en volver a encontrar la confianza en esa persona porque simplemente es esa persona. La amistad se basa en tener bien presente las cosas que te llevas de tu amigo y las cosas que no tendrás con él, y sin embargo luchar día a día por la amistad que hay entre los dos, aunque no sea perfecta. Una amistad perfecta sería monótona.
Cursiva


Complementarse con alguien es exactamente lo contrario de ser iguales. Es tener lo que al otro le falta. No es mirar a esa persona y verte reflejada en ella, porque eso sería como mirar a un espejo, y eso es aburrido. Complementarse es, éso, complementarse. Ser diferente la una de la otra. Polos DIFERENTES.