Nunca llegas a superar ese
amor, nunca termina de dolerte la impotencia, el querer pero no poder. Fue tan
puro, tan lleno de ganas y de energía, que aún sigue brillando, pero ya no
implica nada, ya sólo son recuerdos, como cuando escuchaste por primera vez su
voz, y su ‘reina’, o sus cosas bonitas, su dulzura y aprendizaje, como cuando
después de que asumierais que no era posible, intentaste buscar a otro igual,
otro que, aún no conociéndote, te saludase por primera vez de aquel modo y con
aquel ‘princesa’. Pero los recuerdos, como todos sabemos, traen momentos
bonitos, pero también amargos, y lágrimas. Las lágrimas que lloraron y que
lloran lo que no pudo ser. Y.. hay noches que no sabes si te arrepientes de
haber conocido a esa persona o te morirías si no la conocieras. Noches en las
que su voz retumba en tus oídos más que nunca, noches que vuelven a cerrar
cientos de lágrimas. Como he dicho, no se supera, jamás lo superarás, y no lo
superarás porque no estuvo en vuestras manos el quereros, se desbordó de tanto
como era. Nunca acaba. Simplemente, aparecen más personas, y en concreto una
especial que hace que ya no lo recuerdes todos los días, a todas horas, porque
se mete en tu cabeza y te enamoras de nuevo, sí, pero esta vez.. Digamos que es
verdad. También te dice cosas bonitas, te invita a soñar. Pero, por mucho que
quieras a esta persona, por muy especial que sea para ti y por mucha felicidad
que te traiga, cada vez que pienses en el primero, te joderá el día el ‘¿y
si..?

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