Que sea impuntual, desordenado, patoso. Que tenga días buenos y días mejores, y que de vez en cuando tenga un día perezoso en el que tenga que tirar de él. Que, si llega tarde, coja lo primero que tenga a mano y que aún así sea el más guapo. Que me invite a chuches, y a batidos, y al cine. Y que el día de mi cumpleaños me cante cumpleaños feliz. Que se acuerde de días que son importantes para mí, y que me recuerde que lo son. Que me deje pasar a mí primero, y que cuando hablemos por teléfono sea él siempre el último en colgar. Que tenga cien sonrisas para regalarme, y que me saque otras cien a mí. Puede ser adorable, abrazable, besable y todos los adjetivos como esos, como un osito de peluche. Que sigan existiendo cosas que sólo él y yo entendemos, y que la gente se quede sorprendida de lo bien que estamos juntos. Que me de un toque antes de dormir, y que se deje acariciar.
Si no se puede, que siga como está.
Que sigan existiendo esas cosas de nosotros, y que me sonría siempre siempre que me ve. Que de media vuelta y vuelva a recorrer el pasillo para acompañarme a clase, y que interrumpa a la fila para hacerme su levantamiento de cejas. Que siga siendo el mejor con los demás, que lo de todo y que aún dé más. Y que me siga haciendo reir.

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