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17/7/11

·9 va tarde

Abel era feliz. Volaba a su lado, agarrándola de la mano. Ahora podía entender qué era la confianza, podía confiar en ella. Cyrene se había convertido en su vida en poco tiempo. Cyrene era todo lo que tenía. Lo que verdaderamente le importaba, y ahora volaba a su lado. Podía ver como sonreía. De vez en cuando, ella se sentaba encima suya mientras él volaba. Llegaron a un árbol, y se sentaron en una de las ramas más altas. Podían asomar la cabeza por la copa del árbol. Las mariposas se posaban sobre ellos, despreocupadas. Para él todo aquello era nuevo, pero Cyrene era experta y hasta jugaba con ellas. Se las cambiaba de mano, las hacia deslizarse por los dedos, se las ponía en el pelo...

-Eres tan...- suspiró Abel.
-Tan...
-¿Diferente?
-No lo sé. Tu sabrás.
-Tampoco yo lo sé. Sólo sé que jamás estuve así con nadie. Nadie me dio tanta confianza. Creo que nadie me bridó la oportunidad de conocerle, aunque... yo tampoco dí muchos motivos para que lo hubieran hecho. Sólo sé que en demasiado poco tiempo te has vuelto una parte esencial. Eres necesaria para mí Cyrene. Sólo sé que...- Abel estaba embobado, parecía distraído. Parecía que dijese lo que pensaba sin pensar en ello. Era extraña la sensación que daba en aquel momento.
-Sólo sabes que...
-Sólo sé que te quiero Cyrene.

Se quedó muda. Por su cabeza pasaron muchos momentos, se acordó de lo que le dijo Aileen en su día. Se acordó de su vida humana, por decirlo así, y se acordó de todos los chicos que alguna vez le dijeron algo parecido. Se dio cuenta de que con ninguno sintió aquella sensación tras escucharlos.



Abel se acercó a ella y viceversa. Abel sintió que Cyrene lo acariciaba con los labios. Y entonces los colores se fueron poco a poco, ya no había tanta luz. Abel se despertó sobresaltado por un ruido sordo. Miró hacia la ventana y pudo ver la sombra de una silueta marchándose. Instintivamente sus alas se desplegaron y se comenzaron a batir. Se asomó a la ventana y pudo ver como aquella persona se iba volando. Abel cogió impulso y saltó por la ventana. Empezó a agitar las alas fuertemente y pronto estaba volando. La siguió durante una media hora, pero como llevaba poco tiempo volando no tardó en cansarse. Se posó en el suelo y comenzó a correr hasta el prado. Allí lo esperaba Cyrene, que se sorprendió al verlo aparecer tan alterado.



-¡Hola!
-¿Has estado hoy por mi casa?
-No, ¿qué pasa?
-Alguien me estaba mirando por la ventana, y no era humano.


...
-¿Lo has encontrado?
-Sí. E incluso lo he visto.
-Bien...
-Señor, está bastante formado ya...
-Me da igual. Es tan ángel como tan demonio- dijo empezando a alzar la voz.
-Está bien...

...

Aileen se reunió pronto con ellos. No parecía asustada, más bien alterada. En aquella habitación se podía masticar nervio. Abel notaba el corazón latiendo muy fuerte, casi lo sentía. Cyrene no parecía tan nerviosa, pero eso era porque no quería que Abel se asustara. Lo último que deseaba en aquel momento era que Abel cambiara de opinión. No quería que dejara de ser ángel.

-¿Pudiste verlo bien?
-No, sólo pude ver la silueta. Después intenté ir tras ella y...
-¡Jamás vuelvas a hacer eso! ¡Jamás sigas a nadie! ¿Imaginas que hubiera sido una encerrona? Si ese fuera el caso ahora mismo podrían estar chantajeándote... o quizá torturándote...
-Lo siento...
-No pasa nada, te comprendo. No llevas mucho en esto y... Bueno, da igual. Volvamos al tema. Cyrene creo que lo mejor sería que...
-Está bien. Esta misma noche.

Las dos se despidieron asintiendo. Cyrene mantuvo la cabeza baja mientras Aileen la levantaba y se marchaba.

-¿Qué pasa?
-Vamos a tu casa, vas a hacer las maletas.

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