-¿Pasa algo?
-Ven por favor...-dijo Cyrene a penas con un hilo de voz
Abel se acercó. Cuidadosamente y sigilosamente, se sentó en frente de ella, que permanecía con la cabeza agachada. Cuando la levantó Abel se deslumbró con el reflejo del sol en una lágrima de Cyrene. Eran como de cristal. Aquello era asombroso, hasta sus lágrimas eran bonitas. En cambio, las de él, eran como secas, deshidratadas...
-¿Qué te...
-Tengo que contarte algo- dijo Cyrene, sobresaltada.
-Tranquilízate.
-Lo que te quiero contar es muy importante. Antes de hacerlo quiero pedirte perdón por no saber decírtelo de otro modo. Y te quiero pedir algo, prométeme que cuando acabe con esto no saldrás corriendo. Aunque si lo haces tampoco pasa...
-Lo prometo. Me quedaré aquí. Contigo.
-Está bien. Ahora te voy a contar una historia, después de todo, si crees en que existan las hadas y los ángeles, ¿por qué no los demonios?
Abel rió.
-¿Por qué no?- dijo irónicamente.
-Pues bien. Esta 'familia' de demonios son los Necrom. Hace casi un siglo, hubo una guerra entre demonios y ángeles. Pues bien. Todo se debió a que muchos ángeles y bastantes demonios habían tenido descendencia con humanos. Y a ésos hijos los dejaban en familias humanas, completamente humanas, para criarlos como tales. También hubo ángeles que tuvieron hijos con demonios. Te voy a contar la historia de uno de esas parejas. Norum, él era ángel; y Martha, de los Necrom. Martha, sin embargo, era buena. Había sido criada con humanos, y al separarla de ellos sufrió tanto que llegó a odiar a su raza. Pero a la hora de luchar no le quedaba otra. En una de aquellas cientos de encarnizadas luchas, Martha resultó herida. Nerum la encontró y decidió ayudarla. Cuando Martha se recuperó, tuvieron un bebé. Por miedo a que lo matasen al no poder quedarse ni con unos ni con otros, lo escondieron a buen recaudo en una familia de humanos. Ese bebé podría decidir qué hacer después de los quince años. Mientras no los hubiera cumplido, los Necrom lo matarían, al no poderlo dividir en dos.
-¿Dónde está ese bebé ahora?
-Ese bebé ahora tiene como unos diecinueve años. Ese bebé ha crecido, y tiene oportunidad de elegir. Ese bebé ha permanecido toda su vida alejado del todo este tema, ese bebé debe ahora profundizar en sí mismo y saber qué tiene que hacer. Tienes que elegir, Abel...
Abel se levantó sofocado y empezó a dar vueltas.
-¿Vas a correr?
-Dime qué tengo que hacer.
-¿Para qué?
-Para quedarme contigo.

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